lunes, 28 de diciembre de 2009

Las cinco razones musicales para vivir 2010

"Porque la vida es una", recuerda Olga Tañón, y vivirla importa mucho. Si es con música, mejor. He ahí la primera, de unas cinco razones, para vivir intensamente cada minuto del año próximo. 
También está ese otro motivo por el cual acudimos a la melodía, para evocar recuerdos. Espero seguir escuchando a los que me digan que vale la pena seguir adelante y que música, como la cubana, te saquen de ese trance tan imperturbable que suele ser la rutina. 
Bienvenidas las canciones que nos dicen que "solo el amor engendra la maravilla" y que ese es un sentimiento tan fuerte que es capaz de derribar fronteras, como las de los colores y las creencias. 
Creo en lo que dicen los buenos temas, por eso pienso que la mayor satisfacción que me da este blog, es que ustedes estén en él, leeyéndolo, pensando que es la Música Cubana uno de los elementos imprescindibles en su vida
Y sobre todo, soy complice de toda esa empresa que muchos llevan dentro y que suele ser disfrutable cuando decidimos en algún momento del día, darnos el aliento desde el tocadisco, el MP3, las disman, o las reproductora.
Felicidades en 2010, éntrenle con música.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Van Vanéate

Nunca había visto tanta gente en un lugar tan chico. Era una extensa fila de personas a la entrada de un sitio musical de La Habana. Todos allí esperaban para rumbear y marcar el paso ante el yambú, guaguancó y columbia que hacía reverencia a Los Van Van.
La discográfica EGREM organizó la velada y fueron varios los grupos que se sumaron con un toque largo de tambor para la célebre orquesta cubana. Siempre me agrada la rumba, aunque para ser sincera no tuve esa cercanía con el ritmo en Las Tunas, la ciudad donde crecí. Por eso me emocionó ver a Yoruba Andabo interpretando ese tema de Silvio que tanto nos describe a los cubanos.
Con El necio y una carismástica improvisación, Yoruba hizo recordar que Los Van Van "vienen chapeando" desde siempre. Formell agradeció las canciones y el gesto de todos los presentes de hacer del cumpleaño una celebración tan especial.  "No es que sea rumbero, pero este ritmo me fascina", dijo.
Al homenaje se sumaron los matanceros de Columbia del Puerto -grupo que trabaja con Formell en la realización futura de un disco-, y el salsero Maykel Blanco.
Fue una noche grandiosa, donde Mayito Rivera vocalista de Van Van-  mostró sus dotes de cantante rumbero, se disfrutó de los humoristas "Gustavito" (Geonel Martín) y Teresa Pieto (Carmen Ruiz), y se exhibieron fragmentos del DVD de los Van Van Aquí el que baila gana.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Andar La Habana con bufanda y cartelera

Tuve unos días magníficos. Siempre es una suerte estar en La Habana a inicios de diciembre. La ciudad cambia. Se vuelve una gran pantalla con el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano. Esta vez les comento que mi "viaje al centro del cine" fue al convite musical que recreo el evento cinematográfico. Me marcaron los documentales dedicados a abordar la fase creativa de los músicos. 
Vi Las manos al piano, un material que retrató a Fito Páez cuando le daba vida a Rodolfo, su disco de 2007. También me emocionó otro material dedicado a Calle 13, los reguetoneros boricuas.Pude ver el documental de X Alfonso, un muchacho muy desenvuelto en la música y que se mueve con soltura y desenfado en los audiovisuales. 
Fue un placer para mí conocer a Robert Karft, un hombre que ha dedicado su vida darle coherencia musical a filmes de la compañía norteamericana Fox y que tiene a su haber las supervisiones melódicas de Titanic y Moulin Rouge, y la composición del tema Bajo el mar, del animado La Sirenita.
En fin, que si me preguntaran qué querrías repetir de los últimos días, como nos enuncia Silvio en una de sus canciones, diría que volvería a disfrutar de tanto buen arte contenido en la pantalla grande, y que fuera la música ese puente común del gran espectáculo audiovisual, es la mejor parte de toda la historia. Un abrazo a todos. 

viernes, 11 de diciembre de 2009

Haydée Milanés busca las notas reales


No cree en presagios que la aparten de la música. Una sola vida se le hace tan corta cuando se le antoja cantar y prefiere perderse «sin rumbo» por la melodía. Son sus frases. Las he tomado «prestadas» de Tú y yo, uno de los temas que ha popularizado Haydée Milanés.
En ellos ha tratado de decir que arte, romanticismo y vida van de la mano. Es que las notas musicales le han llegado de una manera natural. «Mi padre y algunos de mis hermanos son músicos», afirma, aunque asume que fue una decisión absolutamente propia la de dedicarse a esa profesión.
Hubo algunos zigzag en su camino, no obstante todas las rutas andadas le han servido en la actualidad. Estudió primero piano, luego dirección coral y finalmente se graduó de Teoría y Solfeo.
«Pero fue el canto lo que siempre estuvo presente en esa etapa de estudios. Ha sido lo que más he disfrutado, lo que menos trabajo me ha costado hacer, porque mi instrumento es la voz», asegura Haydée.
Confiesa que de niña se ponía a practicar con las letras escritas por su padre, aunque a ese «repertorio» le incluía temas de Michael Jackson, Stevie Wonder, Lionel Richie y Elis Regina.
Su infancia estuvo muy ligada al arte. Vivir ese momento fue sencillamente fascinante. «Se suponía que tenía que estar durmiendo cuando había descargas en casa, pero me quedaba escondida para ver a los mayores cómo cantaban y hablaban.
«Recuerdo la visita de El Guayabero, también la que nos hiciera a principios de los años 90, el Niño Rivera, un excelente tresero y arreglista. Él estaba muy viejito y escuchamos la música que hizo en su juventud». 
¿Cuánto de Pablo hay en ella?. Es mi primera pregunta, obvia y a la vez necesaria. Asegura que mucho. «Está a la hora de interpretar y de los gustos musicales. Tengo, supongo, cosas que he admirado de él como ser humano y que he querido conservar para mí».
De Cuba hay una buena dosis en lo que canta Haydée. Musicalmente está bastante influenciada de melodías de otras partes del mundo, «pero el sentimiento y los gustos son muy de aquí. Me agrada mi país. El Malecón de La Habana es un lugar que me gusta tener cerca», señala.
Escogió el jazz para iniciarse en su carrera. Quizá porque el género era, en su vida estudiantil, «la máxima aspiración de un artista —lo es incluso en el lenguaje de los músicos ahora. En la escuela no se imparte música popular, sin embargo el jazz es un estilo muy respetado por los músicos.
«Ernán López-Nussa fue una suerte para mí, porque estaba buscando ese tipo de trabajo para la voz. Hicimos en Brasil el disco From Havana to Río. Allí interpreté Isla, uno de los primeros temas importantes del grupo».
Sin embargo, Haydée quiso mostrar sus propias ideas. Deseaba básicamente hacer música y no dejar fuera de ese proyecto a la nueva trova, el pop, soul, funky y la música brasileña.
Componer es un asunto serio en su carrera. Es un viejo anhelo. Su primer álbum lo grabó con temas de Descemer Bueno y ahora que llega su tercero, llamado A la felicidadHaydée en Vivo es su segundo—, se arriesga.
Allí habla de situaciones cotidianas y de relaciones de pareja y familiares. Igualmente le canta al Malecón de La Habana, a la vida y, por supuesto, a la felicidad.
Su nuevo disco no es idílico, sino real: «Bastante creo. Está basado en el lado bonito, en el salvable. Lo produje yo misma y la disquera Bis Music lo licenciará».
El álbum tiene 11 sencillos, los cuales quiso promocionar en una gira nacional que emprendió del 10 al 29 de junio pasado. Ahora prepara cada detalle de la presentación del disco el próximo 23 de enero, en el Teatro Karl Marx. La velada contará con invitados de lujo como Pablo Milanés, Omara Portuondo, Robertón Hernández (vocalista de los Van Van), José Luis Cortés (El Tosco), David Blanco y el argentino Pedro Aznar.
«Me siento muy contenta del grupo que he podido reunir», subraya la cantante. El proceso de grabación le tomo dos años. Ese tiempo estuvo a tono con la disposición de Haydée de experimentar y explotar otros estilos.
Así sucede con uno de los track de A la felicidad, en el que integra un texto poético del brasileño Thiago de Melo hecho especialmente para el CD, titulado No me hables. Del mismo modo se auxilia en las letras de René Espí y David Blanco, dos artistas con estilos muy distintos.
«No quiero encasillarme, soy músico», insiste Haydée. De ahí que en otras ocasiones se haya conectado con la forma de expresar la melodía de Yusa, Robertico Carcassés y Kelvis Ochoa, entre otros.
«Formamos parte de un movimiento, del que nos podemos nutrir y aprender. Cada cual tiene su sello, sus ideas, pero en algunos momentos nos encontramos y nos aportamos cosas», apunta. 
En lo personal le es placentero cuando la gente siente cercano su repertorio. Le ha sucedido que el público le pide Tú y yo, Libélula y Tanto amar. Cantarlas le satisface. Va una parte suya en ellas porque, en definitiva, una buena canción para que llegue, debe ser absolutamente real. Y eso es precisamente su música.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Un ex Ketama con Cuba en el corazón


He descubierto a Antonio Carmona en un viaje a la provincia de Pinar del Río. Vino a Cuba para participar en el segundo concierto de Escuelas contra huracanes —celebrado en noviembre último en el teatro Karl Marx—, invitado por el cantante Raúl Paz. Al ex Ketama le agradó palpar en esta ocasión, el arraigo de los cubanos con su tierra. Le recordó de dónde viene. «Los gitanos somos así también».
Vino a cantar en un concierto que recaudó fondos para reparar las escuelas afectadas por el paso de los ciclones de 2008. Cuba le ha inspirado tanto a Antonio que ya ha completado las letras de su próximo disco. «Estoy escribiendo aquí. Me he ido a la calle. Me he tomado un mojito y me he parado en una esquina para ver lo que pasa en La Habana».
Todavía se preguntaba al terminar el concierto del Karl Marx, cómo se iba de la Mayor de las Antillas, si su sueño —desde pequeño—, era, «más que abogado o músico, ser cubano». 
Tanto habla de nosotros que va a ser difícil que nos excluya de sus planes futuros. «Siempre los tengo presente. Es bueno venir acá y refrescarse musicalmente. Me voy mucho más humano de ver el compañerismo que hay, a pesar del paso de los huracanes, y sobre todo, del trato de ustedes».
No estamos lokos pegó aquí en la pasada década. Son tantos los secretos de ese número, de cuando eran Ketama y no Antonio Carmona de un lado, y Juan Carmona y José Miguel Carmona de otro.
«Hemos grabado ese tema tantas veces. Está metido en el disco De akí a Ketama (1995). Lo fusionamos con raíces africanas y latinas, y con el jazz y el flamenco.
«Fue un himno muy grande en España, en muchos sitios del mundo, y, por supuesto, en Cuba. Era una frase para vindicar el flamenco, pues en aquella época nos costaba mucho hacer nuestra música. La gente no la entendía.
«Al flamenco que le pusimos batería, bajo, congas y otros instrumentos que no eran convencionales para el género. Las personas decían: “cuidado”, “¿qué es esto?”.
«Era definitivamente una rama del género. No en su matiz más ortodoxo, pero sí una forma de hacerlo mucho más abierto e internacional». 
Antonio es gitano. De ahí le viene su acento al hablar, su manera de ver la vida y la música. Serlo significa para él llevar a la melodía una cultura milenaria. «Mi pueblo tiene mucha riqueza en lo musical y en lo humano», asegura.
Ketama cambió la forma de interpretar el flamenco con su manera particular de tocarlo. Antonio debe añorar todo ese tiempo donde la creación era colectiva. A él le gusta explicar cada detalle e, indiscutiblemente, no hubiera habido Ketama sin su historia familiar.
Prefiere decir que esa pequeña «revolución» empezó desde casa. «Pertenezco a una familia de guitarristas. A nosotros nos apodan los Habichuela por mi padre, mi abuelo y mi bisabuelo. Ellos hacían flamenco. Mi papá viajó por todas partes del mundo y empezó a traer discos de grandes como Rolando Laserie, Ismael Rivera y Benny Moré.
«Me empezó a motivar. Mi primera canción fue una sevillana que inicia así: “Linda tierra Cuba, te canto yo”. Hace más de 12 años abrí así el concierto que ofrecí —como parte del grupo Ketama— en el teatro Karl Marx. El público hizo una gran ovación y fue impresionante».
Vengo venenoso es su primer paso fonográfico desde que en 2004 se separa los Ketama. Le tomó un año encaminarlo en los estudios, y mostrárselo al público.
«Es un disco autobiográfico. En él le canto a mi gente, a mi padre, mi madre, y a todas las personas que me rodean. No tengo que mirar mucho más allá para sacar canciones y para ver lo bonita que son mis niñas, que son muy rubias y les corre la sangre gitana».
De eso se trata el camino que ha emprendido en solitario Antonio Carmona, de hacerlo su manera. «Después de casi 23 años de estar con Ketama, decido hacer este disco. Todas las canciones son mías. En una de ellas hablo de la emigración de África hacia Europa, un tema muy fuerte. Crecí en un sitio donde arribaban esas embarcaciones, y es un drama porque algunos de esos barcos no llegan al puerto»
Le va bien ahora al cantante, pero siempre ronda la pregunta: ¿Se reunirá Ketama? Antonio piensa que sí.
«A lo mejor más calvos, más viejos, pero sí, en el futuro nos veremos nuevamente Juan, José y yo. Ahora cada uno tiene su carrera, pero creo que Ketama es un estandarte que nunca va a morir». Confío en la profecía de Antonio, también en su nueva empresa. 

domingo, 29 de noviembre de 2009

Los secretos de Iré a Santiago

Estoy en Santiago de Cuba amigos míos. Estoy en el Festival Internacional de Coros de Santiago de Cuba que le rinde homenaje al compositor cubano Roberto Valera. Él se siente feliz por estos días. y varias de las agrupaciones asistentes interpretan su popular Iré a Santiago.

Para Valera es “increíble que el tema cumpla ya 40 años, un tiempo en el que no se ha bajado del repertorio del Orfeón Santiago. Agradezco al maestro Electo Silva y al pueblo de Santiago de Cuba que la ha acogido y ha hecho suya”.

La composición fue el pretexto del Premio de la Música en el año 2006, para visitar la ciudad de Santiago de Cuba. “Tenía 30 años y no había pisado la tierra caliente, sin embargo en mi mente estaba el estribillo de Eduardo Saborit: “conozca a Cuba primero y al extranjero después”, cuenta.

Cómo es posible que no hubiera visitado esta ciudad, se pregunta Valera al reconocer en la urbe oriental tantos valores musicales. Enumera que es la “cuna del son”, el sitio donde tantas veces se inspirara Esteban Salas, el de la tradición coral, y un lugar clave en la historia política de Cuba.

“Me había encontrado con los versos que le dedicara a Fernando Ortiz, el español Federico Lorca -un poeta que admiro. Los utilicé para componer Iré a Santiago”, comenta.

El tema, según su autor, no dejó fuera al son cubano, ni el toque andaluz que dicta el poema. “Otro secreto es que utilizo la entonación que tienen los santiagueros al hablar y también la de los habaneros. Es decir, que en ese tema está La Habana, Andalucía y Santiago de Cuba”.

Y resulta placentero escuchar, cada vez que inician los conciertos de esta 29 edición del Festival Internacional de Coros en la ciudad más caribeña de la Isla, a tantas voces juntas tarareando: iré, iré a Santiago. La frase es muestra esa clara esencia de lo que somos.

lunes, 23 de noviembre de 2009

A La Habana le cantan siete músicos

El Septeto Habanero, legendaria agrupación cubana fundada en junio de 1920, hace su sitio en la Sociedad Cultural Rosalía de Castro de La Habana, adonde acude a ensayar y cultivar la música tradicional cubana, y desde allí hacer su trinchera de resistencia contra el olvido del género. 
Desde las calles Monte y Egido, la capital cubana es vista entre sones, guarachas, boleros y tradiciones. Un largo recorrido sonoro sitúa al grupo liderado por Felipe Ferrer Caraballo entre los principales en el giro. Tanto es así que desde el 29 de octubre de 1924 (fecha que marca la primera grabación de un son, con el tema La maldita timidez) hasta la actualidad, 85 discos conservan la impronta del Habanero. 
Con casi nueve décadas, esta agrupación asume la interpretación desde la perspectiva de preservar el son, aunque con la capacidad de utilizar elementos que lo conectan a nuestros días. De ahí que muchos disfruten de éxitos como La calle vapor -compuesto por el cantante del grupo, Emilio Moré, y cuyo videoclip ha sido transmitido en el programa televisivo Lucas-, o aplaudan el Premio Cubadisco 1999 en la categoría de música tradicional. 
El Septeto Habanero ha actuado en más de 32 países y ha representado a la Isla en festivales internacionales como el del Son y el Flamenco de Sevilla 1995 (España), la Fiesta de la Música Francia 2000, y el de Jazz Teatro Libre (Bogotá, Colombia), en su edición 18. 
Pedro Ibáñez, quien dirigió por muchos años el Septeto Habanero, destacó el hecho de que la pasada centuria iniciara con el son, y auguró que el siglo XXI también lo haría. El músico, fallecido el 9 de agosto de 2007, dedicó gran parte de su vida al desarrollo de ese estilo musical y mantuvo la esencia sonera desde las propuestas de la agrupación de marras. 
Felipe Ferrer Caraballo, actual director, expresa que el maestro Ibáñez, "no era un director cualquiera, era muy respetado por su destacada labor. Por tanto, asumir tal responsabilidad, a mis 20 años en el grupo, ha sido un orgullo y un riesgo, pues este es un septeto de mucho nombre. 
"No pienso hacer ninguna variante con respecto a lo que tradicionalmente hemos realizado, debido a que tenemos un sistema de trabajo que todos los integrantes conocen, y un sello reconocido nacional e internacionalmente". 
-¿Qué ha hecho el Septeto Habanero para mantenerse en el gusto popular tanto tiempo? 
-Creo que al público amante de lo tradicional le ha gustado mucho lo que hacemos. A veces nos sorprende el éxito que gozamos en determinados países. Contamos con una popularidad muy grande fuera del país, y todo gracias a que preferimos mantener esa vieja tradición sonera. 
"Antiguamente no utilizábamos equipos electrónicos, todo era acústico. Sabemos que hay que evolucionar, pero sin perder la esencia y el timbre del género. Asimismo, incorporamos números de compositores nuevos a nuestra discografía para insuflar aires frescos". 

PENSAR EL SON  
El célebre Miguel Matamoros sentenció en una de sus canciones, que el son cubano podía gestarse desde las lomas o los llanos de la Isla. El género ha sido desarrollado en todas partes de la nación como un fenómeno genuino y endémico. Tríos, sextetos, septetos y orquestas de gran formato han sustentado esa tradición. 
"El secreto parte de contar con un repertorio adecuado a los momentos actuales, que no desdeña aquella distinción de antaño", afirma Jaime Gracian, representante y autor de varios temas de la agrupación. 
Asegura Gracian que un son del año 1920 no puede tener arreglos como los de entonces, "porque son otras las influencias. Lo importante es que reconozcan nuestra sonoridad. Cuando presentamos una pieza, nos gusta que el público diga: Ese es el Septeto Habanero. Y eso pasa al cantar A la loma de Belén, Cómo está Miguel, Tres lindas cubanas, Papá Montero y Elena la cumbanchera, entre otros". 
Para los integrantes del Septeto, es imprescindible mantener el sello costumbrista del grupo. Autores como el fallecido Pedro Ibáñez, Emilio Moré y Ernesto González Pardo, tratan de no romper con tal principio. Gracian apunta que un cancionero tan extenso debe tener un concepto fresco y ubicado en el presente. 
"Pese a que los medios audiovisuales no difundan este tipo de música, el Septeto ha sido una de las excepciones. En el último play off de béisbol, en el choque entre Industriales y Sancti Spíritus, por ejemplo, se utilizó en los cambios de las entradas nuestro tema La calle Vapor", señala. 
Así lo confirma también Felipe Ferrer Caraballo. Para él la música tradicional requiere de una frecuencia sistemática en los medios y con ello garantizar que no pierda terreno frente a otros ritmos más contemporáneos. 
"No vamos a echarle la culpa a los jóvenes cubanos de no escucharnos. Si no lo hacen, es porque no pueden seleccionarnos. Si omitimos algunas de las raíces de la música cubana, perdemos mucho y nos costaría retomarlas. 
"Sería aconsejable abrir más espacios de presentación para estas agrupaciones, con participación en un número mayor de peñas, en centros de trabajo o estudio. De ese modo la situación sería distinta".

jueves, 5 de noviembre de 2009

Mes de sinfonías

Una buena nueva ya está casi al acontecer: Por segunda vez en 2009 la 
Orquesta Sinfónica de Venezuela (OSV), dirigida por el maestro Angelo
Pagliuca, vendrá a Cuba. La prestigiosa agrupación estará en la Isla del 
13 al 21 de noviembre. Está previsto que realice un recorrido por varias 
provicias del país. 
 
La OSV, que radica en el Teatro Teresa Carreño de Caracas, ha querido también 
celebrae sus 80 años con este viaje. Los dos primeros conciertos serán en el 
Teatro Auditórium Amadeo Roldán de la capital. Le seguirán las actuaciones
en la Sala Dolores de Santiago de Cuba (14), Teatro Tunas de Las Tunas (17),
y Cine Teatro Ismaelillo de Holguín (21).

La emblemática orquesta impartirá talleres y clases magistrales, y
sostendrá intercambios tanto con estudiantes de la especialidad como con
músicos profesionales.
Igualmente es noticia que nuestra Sinfónica Nacional parte
para tierras nicaragüenses el 14 de noviembre, con lo que da curso a una
invitación del gobierno del país centroamericano.

La visita se produce luego de 20 años de ausencia en esos escenarios. 
La agrupación cubana llevará un programa con un 70 por ciento de música
criolla y se presentará tres veces en el Teatro Rubén Darío, además de 
que ofrecerá con ciertos en las ciudades de Chinandega y León.

sábado, 31 de octubre de 2009

Danzones, cha cha chá y mucho más

Dos pasos cortos y uno más largo, el cuerpo gira hacia la izquierda y luego
a la derecha. Puede bailarse con El bodeguero o A Prado y Neptuno. Lo
cierto es que el cha cha chá resulta una danza relajante y divertida.
Así sucede con el danzón, más propio de bailarlo en pareja, o con el son
cubano. Cada uno de esos géneros ha marcado a generaciones de personas en
la Isla. Cada uno de ellos, si se les escucha bien, ha descrito épocas.
Pero estos estilos no han sido por sí mismos tangibles sin las agrupaciones
que los han interpretado. Clásicas son las sonoridades de la Aragón,
Estrellas Cubanas o la Enrique Jorrín.
Ellas han particularizado esa cubanía en canciones. Ahora un evento destaca
en La Habana los valores de las orquestas charangas. Lo han nombrado
Charangueando y desarrollará su tercera edición entre el 7 y el 8 de
noviembre.
Resulta interesante y motivador que musicólogos e investigadores se reúnan
en la Casa de Cultura de Plaza (Calzada y 8, Vedado) para “hurgar” entre
los estudios que en el país se han hecho sobre ese particular formato de
estos grupos.
Para Liliana Casanella, organizadora de la sesión teórica de Charangueando,
el evento que auspicia el Centro Provincial de la Música Ignacio Piñeiro
tiene amplias pretensiones en el rescate de estas investigaciones, las
cuales contribuirán a un mayor conocimiento de las mencionadas orquestas. 
Es que en Cuba las charangas han tenido mucha trascendencia y sobresale su
imbricación en la mayoría de los géneros de la música popular. De ahí que
grupos como la Aragón tengan en su repertorio cha cha chá, sones y
danzones, que ya son imprescindibles en cada una de sus presentaciones. 
Esa es una de las razones por las que Liliana Casanella —quien además se
desempeña como musicóloga del Centro de Investigación y Desarrollo de la
Música Cubana (CIDMUD)— da sus votos de aceptación a Charangueando. 
«Es un evento importante que tiene una convocatoria que vale la pena»,
asegura a Cubasi, mientras ofrece una panorámica de las ponencias del
espacio que organiza.
“En esta edición del Coloquio homenajearemos a las Estrellas Cubanas con un
trabajo de Ada Oviedo. También habrá una ponencia del doctor José Loyola
sobre la orquesta Aragón, y se presentará de esta última, fragmentos del
documental que rinde tributo a los 70 años de la fundación del reconocido
grupo”. 
El Centro Provincial de la Música Ignacio Piñeiro ha tomado la iniciativa
sobre un tema medular, pues en su catálogo se encuentran 11 orquestas de
este tipo. El evento es uno de los signos de persistencia de estos grupos,
tan elementales a la hora de mirar en la sonoridad nacional. 
Un buen lugar para ver las agrupaciones será el emblemático Salón Rosado de
La Tropical cuando, el 8 de noviembre próximo, entre pasillos y melodías se
hagan escuchar la Aragón, la Jorrín y Estrellas Cubanas. 

sábado, 24 de octubre de 2009

Mango

He estado un poco alejada del blog, pues con las celebraciones por el Día de la Cultura Cubana, el tiempo era escaso para escribirles. Pero siempre están presentes los lectores de Música Cubana. Por eso hoy les hablo de lo nuevo de Arnaldo Rodríguez: Mango (EGREM 2009). Resulta que es su cuarto disco con su grupo, el Talismán.  
Arnaldo inserta el CD «dentro de la música popular actual» hecha por jóvenes. La idea partió del proyecto Mango,  que está dentro de su agrupación. De ahí que en el fonograma se observa una activa presencia de los integrantes del Talismán, tanto en la composición de los temas, como en los arreglos musicales y las interpretaciones.
El disco cuenta con nueve track y los videoclip de los sencillos Profecías y Riki riki. Los textos que Arnaldo firma en solitario son  La maraña y El parrandero, en los que preserva esas intenciones marcadas en su obra sobre la fusión de varios ritmos de nuestra región. En las letras trae a colación esa dosis de humor y costumbrismo que ha signado a las composiciones de la música tradicional de la Isla.
Así se evidencia en El parrandero, donde Arnaldo contagia con una melodía pegajosa; su voz conduce la historia con un estilo “rapeado” y le suceden coros como: «Quita esa cara mi niña/ tú sabes que te quiero/ a mí me gustan las fiestas/ me dicen el parrandero».
Mantienen esa línea del grupo títulos como el del guitarrista Osvaldo Montero (Me gusta), y el de la cantante Eilén Remón —quien de conjunto con el compositor Alfredo Felipe—, propone Hoy, una balada pop sobre las relaciones de pareja.
Autores
Osmani Espinosa (Ni virgen ni María)  y Guadalupe García y Sergio George(Ahora mando yo) también se mueven en esa diversidad de sonoridades que la agrupación enarbola.

En el diseño que hiciera Ricardo Monnar hay un uso de tonalidades verdes y amarillas, en alusión a la fruta que nombra el CD. Los colores de fondo forman un cuadro perfecto que encaja con las instantáneas tomadas por Ivian Ruiz, quien refleja en los primeros planos de las fotos la premisa de no solo mostrar al líder del grupo, sino de darle protagonismo a otros integrantes.
Me parece que Arnaldo Rodríguez ha continuado apostando por su línea armónica que ha marcado su recorrido discográfico. Mango ha sido consecuente a esos conceptos estéticos que defiende.

jueves, 15 de octubre de 2009

El Brouwer que devela un Festival en La Habana



Leo Brouwer ha cumplido 70 años. Su música y su persona tienen esa lozanía de cuando era más joven. “Me gusta decir que cumplo 35 dobles”, se le oye decir a Brouwer, un hombre osado que ha tocado la guitarra con un estilo único y se ha sumergido por laberintos de la cinematografía para aportarle su visión sonora a ese arte.
Él siempre ha sido un innovador, un inquieto que a cada momento nos sorprende con algo nuevo salido de su mente, tan veloz y adelantada como la de esos genios que piensan en voz alta lo que para otros parece un imposible.
He conocido a Brouwer y no deja de sorprenderme. Todavía no consigo una entrevista suya, pero sin dudas me han dejado una estupenda impresión sus palabras a propósito del Festival de Música de Cámara que en su nombre se desarrolla en La Habana, los días 16, 17, 23 y 24 de octubre pasado.
El evento es solo un “pretexto”, según Leo, para “celebrar no solo los míos sino muchos de los grandes hitos de la Cultura cubana”. Así quiso que se festejara la obra danzaria del maestro Ramiro Guerra, la literatura de Alejo Carpentier y los aportes del musicólogo Jesús Gómez Cairo. Desea recordar también al compositor Amadeo Roldán, al músico Juan Blanco y a la Orquesta de Cámara de La Habana.
Pero son las composiciones de Brouwer el centro de este encuentro, que trata de imbricarse en otras esferas de la cultural tal y como el autor de Paisaje cubano con rumba ha hecho.
En cuatro conciertos Leo quiere que estén el pianista Chucho Valdés, la flautista Niurka González, el coro de cámara Vocal Leo, el guitarrista argentino Víctor Pellegrini y el director de orquesta español Ciro Perelló, entre otros.
Estrenos hay, es el caso de Elegías martianas -interpretado por Niurka González y María del Henar Navarro-, donde el guitarrista describe la influencia en su música del pensamiento del Héroe Nacional.
“Soy martiano por excelencia, como creo que lo es casi toda la intelectualidad cubana”, sentencia Brouwer en señal de reverencia a quien viera a América como una patria toda.
Otra novedad lo constituye la pieza Paisaje cubano con ritual, para flauta y percusión, donde el artista refleja ese sincretismo que rodea a lo cubano.
Un diagrama de composiciones que pertenecen a su edad temprana también están presente en el Festival de Música Cámara. “Nunca antes me gustaron, ahora me encantan las cosas que hice antaño. Con la edad voy perdiendo rigor”, afirma entre sonrisas sobre sus temas Homenaje a Manuel de Falla y Quinteto para guitarra, obras escritas entre los 17 y los 18 años.
Brouwer se alegra de que el evento reúna al Trío White (el violinista Alfredo Muñoz, Amparo del Riego en el chelo y María Victoria del Collado en el piano), luego de más de 20 años sin tocar juntos. “Se han vuelto a unir e hicieron un integral de mis obras para piano, violín y chelo”, expresó.  
El Festival de Música de Cámara es el homenaje número 40 que se le ofrece al afamado guitarrista cubano. Antes, el 27 de  septiembre último, el Auditorio Nacional de Madrid lo ovacionó. La Sociedad General de Autores y Editores de España (SGAE) también celebró el onomástico con música y ediciones de la obra de Leo. Mientras, Sao Paulo espera para rendirle tributo del 10 al 19 de diciembre venidero, en un evento que dedicará al maestro.
Estoy caminando por la ciudad de la mano de la música de Brouwer, ya dejo de ver a Leo desde las biografías que hablan de su hacer como director del Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC; de sus tantas y tantas piezas escritas para los distintos instrumentos; o de su quehacer como presidente del Festival de Guitarra de La Habana.
Miro al artista y al hombre al mismo tiempo. Será, sin dudas, la entrevista que más busque. Por lo pronto me conformo con disfrutar de ese repaso del repertorio de Brouwer, que al mismo tiempo es un espejo de su propia existencia.
 

sábado, 10 de octubre de 2009

Un arsenal musical ahora en DVD



Complazco a uno de los lectores de Música Cubana, pero sé que muchos otros disfrutan de las canciones de Buena Fe.  Recientemente la banda estrenó para la prensa Buena Fe live (EGREM 2009), el DVD que pulsa los signos vitales del grupo que celebra diez años de vida en la música, entre títulos que hacen pensar, y sin dejar a un lado el romanticismo. El material audiovisual recoge el gran concierto que celebraron el 12 de agosto de 2008 cuando reunieron ante un público numeroso en la Plaza de la Revolución José Martí de La Habana.  

«No ha habido mucho tiempo para andar de “vacacionista”», reflexiona Israel Rojas, voz y líder del grupo. Él sostiene que la agrupación ha mantenido las premisas de los inicios, allá en su natal Guantánamo. En esencia, han tratado (antes como dúo, actualmente como banda) de hacer crónicas de la realidad que viven, y les imprimen su sonoridad característica.

«Los postulados con los que comenzamos nuestro trabajo se han cumplido con creces. Pero ellos mismos han sido lo suficientemente fértiles como para generar nuevas estrategias de trabajo, nuevas cosas que decir», afirma Israel.

Buena Fe live toca de una forma u otra esos cinco álbumes que conforman los «pulsos» discográficos del grupo, desde Déjame entrar —el primero de los CD— hasta Catalejo. En cada tema se insiste en mostrar una manera propia de interpretar y con letras llenas de vivencias personales y situaciones cotidianas.

Ese optimismo percibido en los textos se logra porque siempre, «a la hora de la creación, es tan colectivo el trabajo, tan divertido y placentero, que uno se olvida de la trascendencia», apunta Israel.

Por eso el DVD, que se presentará en noviembre a propósito del cumpleaños del grupo y que tuvo una primicia para la prensa, ha sido «una necesidad existencial y creativa».

Así tienen que ser las cosas de estos muchachos. Ellos están seguros de que «mañana, cuando los discos ya no vendan, seguiremos haciendo producciones musicales, porque las canciones son lo que nos gusta hacer».

El proceso de filmación en la Plaza, y luego la terminación, les tomó algunos meses. La idea surgió cuando «la UJC nos propuso hacer el concierto allí. Vimos la posibilidad de realizar el DVD. Ian Padrón, quien por años ha sido nuestro amigo, se sumó para dirigirlo. Y así surgió esto que parecía loco, pero nos salió».

Dentro del DVD aparecen cuatro videoclip: Propuesta, Soñar en azul, Nacimos ángeles y Catalejo. Igualmente se añade un disco compacto con 14 sencillos. El material audiovisual cuenta con el hilo conductor de Yoel Martínez e Israel Rojas. Ellos introducen las escenas del concierto y saben tocar esa sensibilidad que puede crearse en un momento especial.

Con La Habana de fondo, ambos músicos confiesan ante la cámara que esa noche del 12 de agosto, el espíritu de José Martí estaba no solo con ellos, «sino con toda esa gente, al calor de esas canciones, compartiendo».

Otras imágenes develan ese contacto estrecho e íntimo con el público cuando se siente a La comparsa, de Lecuona, en el piano de uno de los músicos. Se tararea: Tengo un catalejo/ con él la Luna se ve, Marte se ve...  La gente y los artistas baten palmas. El tema (Catalejo) cala en el auditorio. Buena Fe describe un escenario de realidades. Sus canciones son eso. Un coro se suma en la interpretación.

Las fotos de portada y contraportada de Carlos Otero Blanco también se unen a ese criterio de existencia que lleva el título del material audiovisual. En las instantáneas se palpa ese encuentro cercano entre músicos y seguidores, concepto que se extrapola al diseño del envase del DVD, hecho por Tomás Miña.

Pues es eso Buena Fe live: más que un recuento, una ruta musical en el tiempo. Con este recuento una se da cuenta que, como en la vida, la banda sobrepasa sus propias pautas y sigue, aunque diga en sus temas que hay «una bomba de tiempo» que marca la existencia, ellos no decaen porque siempre van en evolución.  


* Foto: Tomada de www.buenafe.com


lunes, 28 de septiembre de 2009

La onda jazzística de Harold López Nussa


La otra noche me fui a un concierto. Espectacular concierto. El jazz en mi Isla tiene esas dimensiones. Escuché la propuesta de Harold López Nussa, un músico que «pisa» también otros estilos y lo hace con pasos firmes. Ya suman dos las presentaciones que en este año lo  he visto  y en cada una de ellas sale a flote esa versatilidad que posee el pianista.
En el escenario del Teatro América, el 14 de febrero pasado, Harold mostró su talento al acompañar a la popular cantante Omara Portuondo, en un concierto que quisieron dedicar al Día de los Enamorados.
Entre canciones románticas conocidas y otras del repertorio nacional, el piano de Harold sonaba de un modo especial acompañado de la voz entrañable de la Portuondo. Así sucedió también el 25 de septiembre último, pero esta vez López Nussa prefirió presentarse junto a su proyecto en el Teatro Auditórium Amadeo Roldán.
Allí su «tono» fue más jazzístico, una de las facetas que más desarrolla y en la que se desempeña de un modo impecable.
Acompañado en la percusión por su hermano Ruy Adrían López Nussa, en el bajo por Luis Izquierdo y en la trompeta por Maikel González, el pianista puso a consideración de los asistentes algunos de los sencillos de lo su más reciente disco, grabado en marzo en Francia, y que salió a la luz el 24 de septiembre de 2009 en el país galo.
Saudade, La jungla y Tears in heaven —un tema del norteamericano Eric Clapton—, fueron algunos de los estrenos de esa noche en la sala Roldán del coliseo habanero, donde el músico volvió a confirmarme aquella sensación de satisfacción que cuando escuché su anterior CD Canciones.
En ese volumen —editado por Producciones Colibrí y ganador en la categoría de ópera prima en la Feria Internacional Cubadisco 2008—, Harold nos recordaba baladas imprescindibles como Para Bárbara (Santiago Feliú), Para vivir (Pablo Milanés), Causas y azares (Silvio Rodríguez), Los muñecos (Ignacio Cervantes), Contigo en la distancia (César Portillo de la Luz), Olvido (Miguel Matamoros), 11 y 6 (Fito Páez), Detrás del cristal (Carlos Varela) y Felicidade (Antonio Carlos Jobim). Además, en esa ocasión puso también algo suyo con Bailando suiza, en la que se percibe tonos de latin jazz con claros referentes instrumentales nacionales como la percusión.
Tanto en la calidad de sus discos como en sus presentaciones confirmo que el recorrido musical de este joven ha ido en ascenso, pues ha merecido reconocimientos como los del Concurso Nacional Amadeo Roldán, el primer premio del Concurso Iberoamericano de Piano, el premio del público en el Solo Piano Competition del Festival de Jazz de Motreux, y el haber sido finalista en el Concurso Citá di Senigalia en Italia.
Ha colaborado además en discos como Charly en La Habana, de Carlos Sarduy, y el primer DVD de jazz en la Isla, Jazz Cuba Today.
Harold viene de una familia relacionada con el arte. Su madre fue profesora de piano, y su padre y tío son músicos. Igualmente ha estudiado música en las diferentes escuelas de arte de la capital.
No se encasilla en ningún genero y le interesa incursionar en cualquier estilo que sienta que esté hecho con seriedad. «Siempre se aprende algo nuevo nadando en distintas aguas y mi pasión por la música, no tiene límites», me confesó en una entrevista.
Lo cierto es que me agrada haber hablado de Hraold López Nussa en Música Cubana. Él es uno de esos jóvenes que, en este minuto, encabezan esa extensa lista de talentosos músicos de la Isla y que, sin dudas, continuarán el legado de tantos otros que han puesto su ingrediente en este gran aderezo que es nuestra sonoridad.  

* Foto tomada del diario Granma digital.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

De concierto


Llevaba días sin escribir. El concierto Paz sin Fronteras absorbió casi todo mi tiempo, pero en mi mente siempre están ustedes, los lectores de Música Cubana. Fue un concierto increíble, único, y que disfruté trabajando. Me encantó que los artistas cubanos cantaran sus canciones clásicas. Adoré que los extranjeros también lo hicieran. 
No les escribo largo porque sé que la mayoría disfrutó de esas especiales cinco horas de música, donde la melodía y solo la melodía, estuvo como protagonista. Espero me escriban y me comenten sobre sus vivencias de el 20 de septiembre último. Les pongo una foto en la que Juanes dialoga sobre lo que ocurriría ese domingo, pero sus palabras fueron superadas por esa emocionante presentación.

martes, 15 de septiembre de 2009

El día a día

Escribir es un acto difícil, pero posible. El trabajo periodístico que ven ustedes en el papel impreso o leen en la computadora es más bien ese punto final de un largo camino, lleno de satisfacciones y también de malos ratos. Hoy quiero hablarle de mi día a día. Ese en el que voy buscando la noticia y siento ese «pálpito sobrenatural» que menciona Grabiel García Márquez, mientras hurgo en ese caudal inagotable que es la Música Cubana.
Las entrevistas son un dilema, amigos. Algunas son fáciles de conseguir otras tardan meses, sin embargo hay casi una dedicación de monje en esto de «buscar» la noticia.   Me satisface el continuar escribiendo, el tener mucho por lo que todavía indagar. 
Los reportajes me agradan y toman mucho tiempo reunir todo para tenerlos listo, aunque igual te dejan ese sabor a capítulo terminado. De los temas que más me han gustado, pues explotamos cada aspecto, fue Que levante la mano la guitarra, una de las primeras investigaciones que hice junto al colega José Luis Estrada Betancourt para Juventud Rebelde. Allí hablamos de la nueva trova cubana, la que hcicieron sus máximos exponentes y los jóvenes que hoy la cultivan.
Los jazzistas noveles y los estudiantes de música que obtienen premios fuera de la Isla, han sido otros de esos temas que me han cautivado. Pero falta, falta mucho por hacer.
Me pregunto de qué quisieran que escribiera en Música Cubana. Me gustaría dialogar. Ver qué géneros todavía no se develan, y juntos encontrar esa brecha que permita que estén en los medios. Ustedes son hoy dueños de mi blog hoy. Los cedo la palabra.

jueves, 10 de septiembre de 2009

Una gota de rocío en la noche


Hay canciones, amigos, a las que una le otorga el crédito a sus cantantes y no a sus autores. Me sucede con La era —de Silvio Rodríguez— a la que Omara Portuondo le ha puesto su alma. También Elena Burke con Ámame como soy —de Pablo Milanés—, que con voz cautivante le pone esos sentimientos que solo ella sabía.
Con Anabell López me pasa. Ella canta un tema de su hermano, que creo es justo para ella. Te amaré —le comentaba la otra noche a un amigo en el concierto de Anabell en el Teatro Mella de La Habana—, es un título de ella por interpretación.
Lo comprobé esa noche del martes último. Allí la cantante quiso mirar «su pasado» musical. Desde la escena hizo un repaso por su música, tan dada a hablar de sentimientos y cotidianidades. Me agradó que iniciara su concierto con esa frase: «y te amaré, y te amaré, y te amaréééé», que en otros tiempos se escuchara tanto en la radio cubana. No dejó de interpretar otros temas que han marcado su carrera como Domingo, Endúlzame los oídos, uno de mis preferidos, así como Acorralada, de Tanya, y La gota de rocío, de Silvio, entre otros.
Los motivos del concierto eran los de culminar una gira que la llevó por varias ciudades de la Isla. En ese recorrido promocionó su último disco Sigo aquí, que contiene sencillos como Loca por ti, Una mujer, Sálvame, Abandonada y Eres.
Según su sitio en Myspace, Anabell está influenciada por la música de su hermano y de los cubanos Donato Poveda y Pablo Milanés. también de los estadounidenses Barbra Streisand y Steve Wonder; la canadiense Celine Dion; el español Alejandro Sanz; los brasileños Iván Lins, Elis Regina, Caetano y Simone; los ingleses John Lennon, y Sting; y los reyes del pop Michael Jackson y Madonna, entre otros.
Anabell nació en la capital cubana y fue en su casa donde recibió los primeros aires musicales. Estudió guitarra clásica en la Escuela Elemental de Música Alejandro García Caturla, y luego se graduó de actuación en la Escuela Nacional de Arte. Fue miembro del movimiento de la Nueva Trova y entre sus discos podemos encontrar: En el jardín de la noche (Homenaje a Silvio y Pablo), Seguiré esperándote y Yo te invito a caminar conmigo.
Anabell es una de las voces de la canción en la Isla. Me alegra haber hablado de ella en Música Cubana.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Los sapos

Hoy hago un alto al hablar de los géneros clásicos de la música de mi Isla. Me detengo en esa otra melodía que, aunque muy popular, igualmente nos perfila. Mi prima Milagros me lo sugería en los mensajes a Música Cubana. Atiendo su petición, porque realmente en el pueblo donde nací, la música también es un personaje que define como un todo a Camajuaní.
Allí, entre barrios que se disputan la corona en las parrandas (carnavales) del pueblo, suena una particular y pegajosa armonía, que arrastra a todos. Los Sapos y Los Chivos compiten cada año y cuentan con innumerables seguidores.
Se edifican carrozas a ambos lados del parque de Camajuaní y les comento que es un honor ser escogido para tal presentación. Pero lo que más me agrada es el changüí. No hay compostura con ello. Me divierte ver cómo músicos de oficio suenan la corneta, sartenes, tambores y maracas y otros instrumentos —algunos con otros usos en la vida cotidiana—, y hacen arrollar a todos.
El changüí de Los Sapos es simplemente espectacular, con su propio canto a San José, el nombre oficial del barrio. Cuántas veces arrollé por la calle del parque y bajé por la Leoncio Vidal con ese ritmo. Asumo que soy simpatizante de ese barrio, y pido perdón a quienes siguen al barrio de Santa Teresa y me leen.
Una descubre, entre los compases de esa música, que Cuba se perfila desde cada parte que cuida con celo la tradición. También desde esas nuevas ideas que muchos ya llevan a la práctica. Recuerdo con orgullo aquella comparsa de niños que el barrio de Los Sapos preparó en el año 1987 u 88. Allí, entre los extensos ensayos para que todo quedara perfecto y la confección del traje que luciría, la imagen de mi tía Bella no se me borra. Ella, con su rostro satisfecho, arrolló a mi lado cantando una de esas canciones que solo los que siguen el barrio San José saben entonar. Y yo, a tantos años del suceso, no dejo de sonrojarme y confesar que ese fue mi primer baile público, también donde canté junto a otros. Me alegro de haberlo vivido. Gracias a mi prima Milagros por ayudarme a recordarlo.

viernes, 4 de septiembre de 2009

Banda Nacional de Concierto: Una singular orquesta cubana

Se reúnen en un parque de La Habana cada semana. Tocan desde los clásicos cubanos hasta los universales. Son 74 músicos que buscan en cada presentación alcanzar la gloria de mostrarle a los asistentes un encuentro sin igual.
Una mira a la Banda Nacional de Conciertos
de Cuba (BNC), que cumplió 110 años el pasado 15 de agosto, y se emociona. Rafael Díaz Carter, su subdirector, tampoco escapa a ese sentimiento. Él cuenta como esa institución cultural fue creada en 1899 por el cienfueguero Guillermo Tomás y de los ilustres músicos que en esa centuria de trabajo, han dejado su impronta en la Banda.
El maestro Gonzalo Roig prestigió a la agrupación en dos largas etapas. Allí se tocaron un gran número de sus composiciones como la zarzuela Cecilia Váldes ... Junto a ellas hizo adaptaciones de clásicos universales, como el final de la Cuarta Sinfonía de Tchaikovsky, y Rapsody in blue de George Grescwin, que han tocado acompañados de la BNC, los pianistas Frank Fernández y Huberal Herrera.
Entre los ejecutantes de la Banda se ven caras jóvenes. Egresados de las escuelas de arte cubanas le ponen la «arcilla» necesaria. También los músicos consagrados que la integran. Me agrada que
el Instituto Cubano de la Música haya diseñado un proyecto para celebrar el importante onomástico de la BNC, con el cual la orquesta recorre el país en una gira nacional, de la que ya se han completado las regiones Central y Oriental.
De seguro estaré en ese especial concierto que el 19 de septiembre, la agrupación ofrecerá en el Teatro amadeo Roldán. Allí han aununciado que estarán la soprano Bárbara Llanes y el pianista Aldo López- Gavilán.
Las palabras de Rafael Díaz Carter dan esa idea de continuidad: «Nos encontramos cada viernes a las 4:00 de la tarde, en la calle Tacón, frente a la entrada del Museo de los Capitanes Generales». Y es un hecho, cuando en más de 110 ciudades de la Isla, son palpables las retretas en los parques, en La Habana una longeva institución hace lo suyo y sirve de guía.

*En la foto el prestigioso músico Gonzalo Roig.

jueves, 3 de septiembre de 2009

David Blanco se adueña del tiempo


He querido compartir con ustedes esta conversación. Imagino que a esta hora ya se han leído JR y pensarán:«¿Esta muchacha quiere que leamos otra vez la entrevista?. Pues no. Les contaré los pormenores de mi encuentro con David Blanco.
Lo conocí en la presentación de su disco La evolución. Un colega me lo presentó. Ya había escuchado algunos de los títulos de su disco, pero deseaba preguntarle, de cerca al autor, sobre las motivaciones como joven músico.
David es un volcán. En un momento nos pusimos de acuerdo para que antes de la gira habláramos sobre el tema en una entrevista. Al final, por cuestiones de trabajo mías, no pudimos. Pero cuando en agosto
pasado su padre, su representante, me llamó para que fijáramos el día, pues decidimos que fuera el 22, pues David viajaría a Manzanillo a ofrecer unos conciertos y queríamos conversar con calma antes de la esperada presentación de hoy 4 de septiembre en la Escalinata de la Universidad de La Habana.
Creo que es un músico decidido. Defiende su punto de vista con tranquilidad. Es firme cuando le hablan de preservar la cubanía que hay en los géneros musicales, aunque los lleva a un lenguaje contemporáneo.
«Me gusta el cha cha cha y lo mezclo. No veo por qué separar las cosas. No es que se mantenga un estilo ambiguo. Es que el mundo está así en todo y no solo en la música, sino en la literatura, el cine y las modas, donde ya no hay un estilo único», me dice.

Asume como joven ese enfoque, sin embargo «no le gustaría que se perdiera la autenticidad del son, ni del genuino sonido cubano, sino que siga evolucionando».
Así es David Blanco. En escena se le ve como un hombre orquesta que, además de cantar, toca la trompeta, el piano y la guitarra. Le pregunto cómo puede. La respuesta quizá esté en esa intranquilidad que lo caracterizó en su infancia y ese ambiente de melodías que había en su casa.

«Antes de estudiar música tenía ya un violín en las manos, porque mi abuelo lo tocaba en la Sinfónica. También había un contrabajo en el que cabían cinco David. Me paraba frente al piano, tocaba la mandolina... Y eso fue impregnando en mí un gusto más físico por la música».

Empezó estudiando violín, a los siete años. Luego lo cambió por la trompeta —de la que se graduó en el conservatorio de música Amadeo Roldán—, y como instrumento complementario, nada le vino mejor que el piano, un soporte imprescindible para «ayudarme a componer».

Cómo serían aquellas canciones de los inicios. David no las conserva. «Eran comiquísimas. No quieras oírlas. Solo guardo las que comencé a hacer a partir de 1998», confiesa.

¿Pensabas en Moncada en esa fecha? «Entré porque conocía al cantante del grupo. Me dijo que buscaban a un músico que tocara varios instrumentos. Estuve con ellos dos años, pero llegó el momento en que les comuniqué que me iba a hacer mi proyecto».

No fue una situación tensa la de separarse del grupo. De hecho, tiene buenas relaciones con ellos, participa en sus conciertos y, en el último disco de la agrupación, grabó un tema que había compuesto cuando formaba parte de Moncada.

Hace ocho años se adueñó de un escenario. Desde ese tiempo hasta ahora varias canciones han llegado a la gente: El despecha’o, La pachanga, Miénteme, Bota’o en Madrid...

Ahora suenan otras que recopiló e integró en un álbum fonográfico, que lo mantuvo dos años recluido en los estudios de grabaciones. Con La evolución, de 12 temas, quiso asumir un nuevo reto, algo diferente, porque «uno va ganando más confianza».

En Ella tiene una pistola, El mundo de tus sueños, La evolución y otros sencillos, se encuentra una filosofía interesante, cierta dosis de humor mezclada con las vivencias del autor. En la sonoridad aflora ese aire genuino, aprehendido de otros estilos.

David dice que en la música «siempre van a salir todas las influencias que una persona tiene. Cuando haces una canción fluye lo que has escuchado, lo que has aprendido.

«Me gusta mantener esa picardía que tuvieron mis composiciones desde el principio. Eso que tanto se ha reflejado en la música nuestra, desde Ñico Saquito con su “cuidadito compay gallo”. Me considero un heredero de todo ello, lo que he utilizado junto a las nuevas tecnologías».

Yo soy el punto cubano me resulta una versión fiel a ese concepto del cantante. Escoger un tema que habla de la Isla, como el de Celina González y Reutilio Domínguez, provoca que lo interrogue sobre la cubanía.

«Siento que mientras más crezco, más ella prende. Ese cariño que aquí la gente siembra, aunque vaya a hacer conciertos emocionantes en otros escenarios y pegue canciones lejos, lo que hay en Cuba no lo encuentro en ningún lugar. Por eso cada vez que voy a hacer música, primero que todo, pienso en los cubanos. Y cuando me voy a otras partes, va mi público conmigo, porque ya está en mis canciones».

El mar y su ciudad son esos símbolos cotidianos que le dibujan a Cuba. «Me agrada mucho La Habana y estar en ella. A veces me aparto. Me voy a Pinar del Río y a Bejucal, el pueblo de mi padre. Escucho, en esos ratos libres, toda la música que puedo, aunque tuve una etapa de adolescente bastante radical, oyendo rock duro. Hoy encuentro igual placer en otros ritmos».

Ahora vive un momento especial. «Es cuando mejor me siento», porque su banda suena como espera. Trabaja en la actualidad «con Nailé Sosa, una baterista excelente que también colabora con X Alfonso; Iván Leyva, un gran músico que ha participado en mis dos primeros discos; Luis Durand, el sonidista que siempre nos acompaña; y Ernesto Blanco, mi hermano. Él tiene su proyecto y graba un fonograma actualmente, pero la música nos une y la sangre también».

Han pasado varios músicos en estos años. «Todos han sido muy buenos, como el baterista Emilio Veitía, la bajista Mariel Rivas y la percusionista Yaimie Carel; quienes me acompañaron en el último CD».

A David le rondan varias ideas en la cabeza. No ha tomado vacaciones en los 29 años que ha vivido. Definitivamente hará música en las próximas décadas. Creará una familia y se dedicará a producir discos. Disfrutará de esta Isla maravillosa y de la gente que la puebla.

Sueña con hacer un concierto en el que su grupo y la Sinfónica Nacional interpreten canciones suyas arregladas para ese formato, y con tocar otras que constituyen clásicos en la nación. «Algo así como lo que hizo Metálica», señala.

Esta noche David volverá a lo que sabe hacer. Hará una velada musical en la Escalinata de la Universidad de La Habana, pensando en el significado que tiene empezar un nuevo curso, y alentando a los que estudian, en esos deseos de seguir triunfando.

«Daré ese ánimo porque la música es una herramienta fuerte para transmitir sensaciones», comenta y repite esa visión de contemporaneidad con que vive y crea. David Blanco hace música de ahora, pero hurga en todo aquello que melódicamente también nos define.

lunes, 31 de agosto de 2009

Se nos fue el verano con música


Tuve la oportunidad de ver todo lo que se preparaba para darle la despedida al Verano 2009. Me agradó saber que sería un cierre con la música de la Isla. No es que trate de que siempre la música esté, sino que me gusta ver que en cada momento importante se escuche esas pequeñas melodías, que como ha dicho Carlos Varela, nos ayudan a vivir.
Pues en esta ocasión la celebración fue por cuatro días en todo el país. Mientras, es muy esperado el concierto de David Blanco en la Escalinata de la Universidad de La Habana.
Quiero comentarles que el fin de semana Cuba tuvo una gran descarga de corazones y armonías. En la Tribuna Antiimperialista José Martí, la Charanga Habanera que dirige David Calzado, ofreció una velada inolvidable con temas como ese último que nos recuerda a aquella canción de los Fórmula V, Cuéntame.
Ellos, los músicos, han calificado de especial el cierre del verano. Georgia Aguirre, directora de Anacaona, le causó esa impresión el tocar el viernes en su barrio Alamar. «Estoy muy contenta de que estuviéramos en el parqueo de la Casa de Cultura. Allí, entre las canciones del muy sonado disco No lo puedo evitar, Georgia se complació de presentar en vivo títulos tan radiados como Ya no me llores.
«Estas han sido unas vacaciones con un calor fuera de lo común y los estudiantes “han cargado las pilas” para comenzar el curso escolar», asegura.
Rey Alonso, de la orquesta Pachito Alonso y los Kini Kini, afirma que julio y agosto han sido meses de contacto directo con los seguidores de la agrupación en la capital. También han aprovechado para darle algunos retoques a un álbum, que según él, dará mucho de qué hablar
«No lo hemos titulado todavía, pero será un fonograma muy variado, con reguetón, merengue, baladas… y del que ya presentamos los sencillos Pasarela y La curvita», señala el vocalista.
Ayer domingo en el Hola Ola, Los Kini Kini hicieron mover los pies a los habaneros. Desde la escena, Rey y los integrantes del grupo desearon muchas cosas buenas para este nuevo curso. A esto último se une Moisés Valle (Yumurí), quien estuvo el viernes en el anfiteatro de Marianao.
«A los jóvenes les digo que hay que prepararse, pues es necesario estudiar y cuidar la ortografía», declara el artista, recién llegado de una gira por Japón, donde compartió escena con Juan Luis Guerra y la 440 y La Orquesta de la Luz.
Yumurí puso «a guaracharrrrrrrr» a todos en la conocida pista de Marianao, con títulos de su fonograma Cubano, cubano. El músico, que no dejó de cantar Pegaíto a la tarima, Coge la botella y Cocodrilo de agua salá, exhorta a las nuevas generaciones a que en ese empeño de prepararse para el futuro, no olviden escuchar el son cubano.
En esta iniciativa de festejar el fin del verano se unieron instituciones como la Unión de Jóvenes Comunistas, el Ministerio de Cultura y el Instituto Cubano de la Música, entre otras.
La propuesta trató de abarcar la mayoría de los géneros musicales. De ahí que, junto al son, se disfrutara de la trova, la rumba y otros estilos muy populares.
Gerardo Alfonso, el All Star de la Rumba, Aguiri Yo, Gregorio Hernández Ríos (el Goyo) y Raúl Torres, figuraron en la extensa lista de músicos que se presentan en Ciudad de La Habana. En otros puntos del país aconteció lo mismo.
«Me parece una excelente oportunidad», subraya Raúl Torres. Con él coinciden todos. Para ellos este fue un buen momento para mostrar el trabajo discográfico más reciente, desear éxito en el período escolar que se avecina y disfrutar, una vez más, de la compañía de las personas que los siguen.
*Rey y Christian junto a su orquesta Pachito Alonso y los Kini Kini, estuvieron entre los músicos invitados a esta celebración.

miércoles, 26 de agosto de 2009

Dayani Lozano: El pop cubano es original


Dayani Lozano es una de las cantantes cubanas que se mueven con éxito por las líneas del pop. Ella fue protagonista de la primera prueba para lanzar a una figura del género en Cuba, con el CD El alma no basta.
«Fue un suceso artístico, un intento genial de la EGREM. El álbum contenía baladas bien hechas, con buenos arreglos. Lastimosamente no tuvo toda la aceptación que queríamos. Era el tiempo del boom de la salsa y el público cubano deseaba consumirla única y exclusivamente», recuerda.
Nacida en 1973, Dayani tuvo como escuelas los grupos de jazz Éxodo y de pop Arkanar, luego llamado Luz Verde. Estudió Lengua Inglesa y ha sido la música su profesión, aunque asegura que sus conocimientos del idioma le han ayudado en su carrera artística.
—Hay quienes acusan al pop de frío, epidérmico, y que evade tratar problemas sociales. ¿Cómo valoras el fenómeno?
—Aquí tiene seguidores y, como los cubanos mismos, es muy original. No creo que estemos siendo copia de nadie. Hay muchas tendencias en el pop cubano. Me gusta lo que hace Isis Flores, es desinhibida y su propuesta es más cercana al rock and roll. David Blanco está más en la línea de lo Ricky Martin, aunque tiene su propia identidad. Considero que el propio Carlos Varela hace música pop. No hay una gente que hable más de lo que ocurre en la sociedad que Varela, y con un soporte melódico muy bien elaborado.
«Es cierto que cada género tiene sus normas. Tengo un amigo compositor que dice: Si vas a hacer hip hop, aunque sea en Cuba, hay determinadas reglas que tienes que cumplir, porque la gente tiene que identificarlo así. No obstante, puedes hablar de temas profundos, dolorosos. De hecho yo he tocado algunos como la violencia doméstica. Lógicamente hay determinadas estructuras líricas que sigo para ser coherente con la melodía que interpreto, y no llegar a ser tan rebuscada ni elitista».
—¿Cuánto deben limar los solistas para impactar con sus propuestas al exigente público cubano, como lo han logrado Moneda Dura y Buena Fe?
—Moneda Dura y Buena Fe son completamente diferentes. El primero tiene una propuesta actual que me encanta. En el caso del segundo no lo concentraría entre quienes ejecutan el pop, aunque su soporte musical tenga mucho que ver con el género. Para mí ellos siempre han sido trovadores, son más irreverentes, y sus textos más profundos.
«Los solistas tenemos una manera distinta de enfrentarnos al escenario, próxima a lo más comercial de la tendencia internacional. A algunas personas les cuesta un poco de trabajo digerirlo porque estamos acostumbrados a Silvio Rodríguez y Pablo Milanés. No defiendo un texto tan elaborado, aunque sí una melodía difícil de interpretar.
«Al mismo tiempo, algunos no están preparados para esta propuesta estética. La ven como algo superficial. Y simplemente es enriquecedor, pues no se trata solo de cantar, componer o velar por el modo como suena mi banda. Cuando ideo mi espectáculo, pienso en las luces, la ropa, la postura de los bailarines... Todo eso debe tener en cuenta un solista para poder llegar al público». —¿Cómo ves el desarrollo de la interpretación desde la perspectiva femenina en la Isla?
—En la música tradicional y en la popular están las más importantes. Las cantantes quieren apostar por otra propuesta, pero tampoco podemos exigirle que sean Ella Fitzgerald. Personalmente me interesa interpretar obras difíciles que me reten vocalmente, pero si mi voz no me acompañara, seguiría haciendo pop y haría cosas que fueran interesantes. Hay varios matices y cada cual sabe hasta dónde son sus posibilidades.
—¿Qué traerá la producción discográfica que preparas?
—Acrílico evidencia mi madurez para seleccionar temas y componer. Ahora estamos inmersos en la producción y hemos escogido a Juan Antonio Leyva para ello. Quiero ponerle fusión, pero debo ser cuidadosa para no perder el estilo.
«El tema que titula al disco fue compuesto por la joven instructora de arte Iranay Sánchez y por mí. Incluiré asimismo un sencillo de Jessi Suárez, un tremendísimo compositor que hay que escuchar. También habrá otros de Gisela Ruiz, más conocida por Ela. Uno de ellos es una mezcla de pop con rumba, y pienso invitar a X Alfonso para que lo grabe conmigo. Habrá otras creaciones mías como Fragilidad, un tema más acústico, donde estaré acompañada del piano. Habla de la artista cuando se cierra la puerta».
*Foto: Tomada de Prensa Latina.

lunes, 24 de agosto de 2009

Bandas de concierto: una tradición nacional

Marzo último fue un mes sorprendente. Recorrí la Isla de un tirón y en cuatro días. En ese viaje por carretera, donde Cuba se me presentó como el mejor de los paisajes, tuve también la anuencia de escuchar las bandas de concierto, tan citadinas, tan tradicionales.
En nuestra nación hay varios pueblos que conservan esa institución. La cuidan con celo y es en la glorieta u otro espacio del parque de cada ciudad, a donde han emigrado las partituras de grandes de la música como Bethoveen, Verdi o Lecuona. Es el domingo la cita. El día de las retretas.

Ahora la mayoría de las bandas están conformadas por noveles artistas, aunque que hay conjuntos donde sus integrantes peinan canas, porque la Banda de Conciertos ha sido «la agrupación musical» de muchos lugares de la nación. Centenaria en algunos casos, en otros con menos años a cuestas, es actualmente una realidad en 112 ciudades del país.

Su obra llega al público sin que medien discos compactos, dispositivos digitales o la radio y la televisión. Su impacto es más cercano.

En mi periplo por Cuba, tuve la oportunidad de llegarme a Santiago, la ciudad más caribeña y sonera de la Isla. Allí, en el histórico parque Céspedes un grupo de jóvenes tocaba el criollísimo Chan Chan. Lo hacían con frescura, para que lo escuchen además en Alto Cedro y en Marcané, como decía el carismático Compay Segundo en su famosa canción. El auditorio seguro piensa que los artistas han estudiado música toda la vida, pero no, la han aprendido en solo un año en la Escuela Provincial de Bandas, y este es su concierto de graduación.

Un padre mira a la orquesta y manifiesta: «Aquel de la batería es mi hijo Carlos Rafael». Vino desde Contramaestre para verlo. Quiso presenciar el cumplimiento del viejo sueño de su muchacho: seguirle los pasos a Giraldo Piloto y Samuel Formell.

Juan Carlos Rosario Molina sabe que su crío tiene mucho que estudiar todavía. Pero ahora siente orgullo cuando pone atención a sus ejecuciones. «Él tuvo que interrumpir los estudios de preuniversitario, que casi terminaba, para matricular en la Escuela de Bandas. Sé que su vocación es la música».

Profesor universitario y amante de la sonoridad nacional, Juan Carlos ve las bandas como un «proyecto de multiplicación cultural, porque le permite a Carlos Rafael estudiar, acompañar a otros solistas y tener una motivación constante».

Todavía con el impacto de ese primer concierto público en el rostro, Carlos Rafael Rosario afirma que escogió la batería porque siempre supo que allí estaba su vocación. Le agradan la música clásica y la popular. Piensa que en su pueblo gustará el repertorio montado.

Tiene 19 años y la cabeza llena de ideas sobre cómo la orquesta puede integrarse al panorama cultural de Contramaestre. «Podemos acompañar a solistas y agrupaciones. Yo mismo tengo aparte un grupo de rock. Creo que sería muy buena idea hacer cosas clásicas entre ambos», piensa en voz alta.

En Ciego de Ávila, mientras los chicos interpretan la Damisela encantadora de Lecuona, varias cosas me impresionan en el escenario. Algunas chicas tocan instrumentos no muy comunes entre las mujeres. Osmari Carmenate, una joven de 20 años del municipio de Ciro Redondo, trató de romper esos esquemas y se decidió por la trompa.

«Te confieso que no la conocía. Cuando llegué a la escuela, la vi y me gustó. Hay otra muchacha aquí que también la toca. En la calle, al inicio, la gente me preguntaba: “Chica, ¿y ese instrumento tan raro?”. Y yo enseguida les explicaba que es muy lindo. Le tengo mucho amor. Me gustaría seguir estudiándolo».

Otra de las «notas discordantes» en escena es Yanet Arango, quien lleva la percusión en la banda junto a dos jóvenes más. Ya cumplió los 22 años, pero desde chiquita le gustaron los tambores.

«Veía a la orquesta Anacaona y me agradaba cómo tocaban. Le pongo “bomba” a la percusión, como dicen los músicos. Cuando me gradué en el pueblo me recibieron muy bien. Me apoyaron. Creo que les gustó que de mis tambores saliera música clásica, boleros, danzones.

«La primera presentación, en el Parque Martí de Ciego de Ávila, la hice con mucho nerviosismo. Pero al final todo el mundo quedó emocionado. Era el concierto de graduación y había caído tremendo aguacero, pero salió bien.

«Ahora los domingos hacemos las retretas en mi municipio, Venezuela. Me siento satisfecha, aunque sé que debo perfeccionar lo que hago. En casa estudio de tres a cuatro horas diarias. Utilizo el práctico, un soporte que me permite ejercitar sin molestar».

Al dejar a estos muchachos, una sensación me sacudía: Las bandas están cambiando el panorama sonoro de muchos lugares. Eso me agrada, porque en mi niñez, en Camajuaní, solía irme al parque con mi tía Bella, para escuchar juntas la Banda del pueblo. Allí tocaba un primo mío. Mi querida tía, al terminar los artistas siempre se les acercaba para agradecer por la música.
Casi no conocíamos a los autores de aquellas piezas, pero era magnífico escucharlos los domingos, cerca de las seis de la tarde. Entonces, Bella siempre decía: «Ojalá el tren de Santa Clara no arruine la presentación». Y suspirábamos de tanta buena música.