lunes, 27 de julio de 2009

El son arrasa sin excesos de equipaje


El son está lejos de irse de los llanos y las lomas cubanas. Isla adentro la música popular encuentra los resquicios necesarios para seguir de referente entre los bailadores.

Sus cultores, fieles continuadores de la obra de Miguel Matamoros, Benny Moré y Miguelito Cuní, hacen posible con su creatividad que tal melodía persevere en el tiempo, y reverencian a ese público, ávido de moverse al compás del ritmo.

Producciones discográficas recientes hablan por sí solas de esa continuidad musical de antaño. Pero en ellas aparecen mezclados los elementos más contemporáneos del género, para demostrar que el estilo reverdece.

Arrasando, de Juan Formell y Los Van Van; Cubano Cubano, de Yumurí y sus Hermanos; Exceso de equipaje, de Azúcar Negra; y Lo que tú querías, de Gardi, ponen en un elevado punto a la música bailable actual.

Con un afinado e inteligente olfato para recorrer los caminos del género, estas agrupaciones logran mediar entre los gustos de sus receptores y las inquietudes musicales propias, y revierten ciertos criterios de que en el son ya todo está escrito.

Arrasando

La última entrega de los Van Van, Arrasando (EGREM 2008), viene a satisfacer con creces la espera de cuatro años sin entrar a los estudios de grabación. En 13 sencillos, la emblemática orquesta que dirige Juan Formell vuelve a mostrar el aire renovador que la ha caracterizado por casi 40 años.

Lo nuevo del «Tren» es fiel a las crónicas cantadas recogidas en álbumes anteriores, que se adentran en realidades cotidianas desde la perspectiva de las relaciones interpersonales y de pareja.

En esa línea se mueven Tú a lo tuyo, yo a lo mío, de Formell, y El travesti, del humorista Jorge Díaz, quien además habla de la necesidad de mantener la autoestima en Si no te quieres tú.

Por su parte, Formell incluyó Este amor que se muere, antiguo tema suyo que apareció en el volumen VIII de la colección Juan Formell y Los Van Van, de 1988, y que ahora regresa en una versión interpretada por Yenisel Valdés.

Uno de los títulos más interesantes del disco es quizá La rumba no, un verdadero tratado musical donde el líder de la agrupación expresa sus conceptos de la manifestación, a la vez que pone de fondo un osado arreglo instrumental.

El regreso discográfico de Van Van está permeado del concurso de autores que integran la agrupación, como el baterista Samuel Formell y el cantante Roberto Hernández. También aparecen números de Kelvis Ochoa y del panameño Rubén Blades.

«Me dieron mucha alegría las composiciones de Samuel y Robertón, y me dije: “estamos vivos”. Porque Van Van ha acostumbrado al público a pegar números cada año y eso no es fácil. Todo el mundo le entró a esto con deseos, hemos madurado y en este disco demostramos que se puede hacer buena música bailable y agradable al oído», comentó Formell en la presentación del CD.

Por su parte Pedro de la Hoz, periodista del diario Granma, expresó que con el fonograma «el meridiano de Los Van Van volverá a confirmarse en su indiscutible altura e irreductible jerarquía. Debo decirles que Arrasando ya arrasa».

Ese eterno son cubano

Una apuesta absoluta por el son cubano se percibe en las otras tres propuestas discográficas salidas recientemente. Cada una marca diferentes maneras de acercarse al ritmo, pero es indiscutible que, desde sus perspectivas, se acuñan dentro del género.

Moisés Valle (Yumurí) buscó con su CD Cubano Cubano un concepto coherente y una sonoridad que —aseguró— «tenía que mantener, un estilo marcado en la música popular cubana con toda la riqueza que tiene y sin perder las esencias y mi forma de interpretarla. Yo soy un sonero. Más allá de las modas, ese es mi compromiso».

El disco, editado por Bis Music en 2008, contiene diez temas. Cinco de estos fueron compuestos por Yumurí, mientras incluyó Soltero en carnaval, de Cándido Fabré —interpretado por Yumurí y Fabré—; Soy el negro, de Pedro Pablo Núñez; y Sin presión, de Osnel Odit.

Pega’ito a la tarima, uno de los tracks que goza de popularidad en la radio, le surgió a su autor en «un carnaval en Guantánamo, la guagua paró y escuchábamos en la emisora, un tema de Ricardito y los Latinos, de los años 70. Eso me influenció al componerlo».

Una lograda cadencia melódica se observa en el disco, insuflada por los músicos de la orquesta y por artistas invitados como Alexander Abreu (trompeta), Amaury Pérez (trombón) y Rolando Luna (piano), a lo que se sumaron los arreglos musicales de Emilio Vega y Orlando Valle (Maracas), entre otros.

Exceso de equipaje (EGREM 2008), de Azúcar Negra, también irrumpe en el panorama sonoro nacional por estos días. El cuarto volumen del grupo es definido por su director, Leonel Limonta, como una apuesta por la variedad «dentro del son», aunque no desechan otros estilos, entre ellos la bachata, hecha siempre «a la manera» de Azúcar Negra.

«Es un álbum para todos los gustos y edades. Tiene un DVD graficado con entrevistas a Haila, al percusionista Giraldo Piloto, director de Klimax, y a otros artistas; además de fotografías y videoclips de la orquesta», afirma Limonta, quien tuvo a su cargo la composición de la casi totalidad de los números (13) del CD, algunos de ellos muy difundidos (Estrés, Vive el verano e Identidad).

Exceso..., subraya, es un disco muy bailable que defiende este tipo de música a capa y espada. «Amén de que le damos la bienvenida a otras manifestaciones, nosotros no debemos dejarnos caer, porque somos la columna vertebral de la música popular».

De ese tronco común emerge Gardi, un joven que se mueve en la zona más «suave» del género. Con Lo que tú querías (CD DVD de la EGREM), el cantante presenta nueve títulos que resultan muy cercanos a nuestros oídos —como Quién te dijo, Con quién te ves y Tan mala que eres—, para dialogar sobre el amor y el desamor.

Adalberto Álvarez dijo en el DVD que acompaña al disco, que Lo que tú querías está en el «marco de lo que es la música bailable actual en Cuba. Me llamó la atención, en estos tiempos donde la música anda un poco loca, que alguien como Gardi haya encontrado su camino, y sea fiel a su proyecto, a lo que él cree. Eso tiene un valor increíble».

Gardi asegura que su álbum cubre lo que la gente no se espera de él. «En Lo que tú querías vuelco, quizá, el sabor de las grandes orquestas cubanas».

Desde Jesse Suárez, Osmany Collado y Germán Noguera, hasta él mismo; plasmaron esa visión en varias de las letras del fonograma, que contó además con la dirección musical del pianista Miguel Núñez.

Atrapar desde la primera vista

Al mirar estos discos se palpa que hay en ellos una búsqueda por «atrapar», pues acompaña al contenido musical, un trabajo con la fotografía y los elementos gráficos que le permite el diseño visual.

«Dibujar» desde las portadas, las imágenes y tipografías que captan la esencia de cada título, no fue tarea fácil. Sobresale Arrasando con la mujer que, con ojos cerrados, pide a Formell un autógrafo en su mano, como símbolo de lo que ha significado Van Van para ella —y todos—. Resalta la sencillez y humildad de la reverencia de Yumurí ante lo cubano, ante esa palabra mayúscula que nos dice lo que somos y de la valía con que estamos hechos.

Aunque al final, el acto creativo es un proceso colectivo de ideas y la selección pasa por gustos y preferencias; también percibo ciertos lugares comunes y pobreza imaginativa en otras de las instantáneas. Me sorprendió descubrir en una de las contraportadas, a una mujer que desentona entre un contrabajo y la agreste figura de la vulgaridad, para que ni por torpeza acierte con el nombre del álbum.

No obstante, pienso que estos cuatro discos de música bailable llegan a buena hora. Arrasando, Cubano Cubano, Exceso de equipaje y Lo que tú querías, vienen a colmar las siempre crecientes expectativas de los bailadores.

viernes, 24 de julio de 2009

Adalberto Álvarez: No creo que la gente olvide el son

Quizá todo comenzó con el repique de una orquesta que todavía desgrana sus notas en Camagüey, de esas que siempre cultivarán el son de la loma. Tal vez el inicio estuvo en aquella insistencia materna que lo llevó a aprender la voz acompañante. ¿Acaso sería su propia obstinación al estudiar y admirar a grandes de la música popular cubana?

Adalberto ÁlvarezLo cierto es que Adalberto Álvarez es una suerte de sonero que, como afirmara Guille Vilar, nos ofrece «un viaje hacia la modernidad con la tradición a cuestas». Ningún cubano puede olvidar las antológicas canciones A Bayamo en coche, El son de la madrugada o Y qué tú quieres que te den. Son piezas brindadas a los bailadores en un pacto irrenunciable con uno de los géneros más genuinos de la Isla.

El Caballero del Son se impone, como práctica diaria, preservar las raíces de la nación. «Por eso perfecciono la música del nuevo disco de la orquesta, cuya grabación será a finales de abril».

Experimenta, pero no se aparta de las filas de lo que considera «algo trascendente que no debemos olvidar». De ahí que su nuevo fonograma resulte «muy bailable, con invitados que tienen mucho que ver con la música que escribo, como los muchachos de Gente D’ Zona y los cantantes de la Aragón. Así que tendrá un poco de todo», apunta al iniciar este diálogo.

—¿Las influencias de su padre, Enrique Álvarez, marcaron un referente musical en los inicios?

—En la casa de mi infancia siempre se escuchó música. Mi padre tenía un grupo sonero —tiene todavía—, y lo que lo influenció a él fue, indirectamente, lo que me pasó a mí, el ambiente del hogar. Mi mamá, Rosa Zayas, me enseñó a cantar la segunda voz. Mi abuela materna cantaba en la iglesia evangélica. Así que había toda una confluencia de diferentes corrientes musicales, que, lógicamente, tuvo que ver con mi desarrollo musical posterior.

—¿Cuánto le aportó la orquesta Son 14 a su carrera? ¿Cómo le fue en esa experiencia como director?

—Esa era mi segunda oportunidad de dirigir, porque la primera fue Avance Juvenil, creada por mi padre. Cuando terminé en la Escuela Nacional de Arte (ENA) y me fui a trabajar a la Escuela Vocacional de Arte de Camagüey, mi papá me dio las riendas de su agrupación para que pudiera experimentar.

«De hecho, siete de los músicos más jóvenes de Avance Juvenil se fueron conmigo a Santiago de Cuba. Mas ese repertorio de Son 14 estaba probado y ensayado en la orquesta de mi padre. Dirigir allí estuvo antecedido por esa experiencia, y resultó menos complicado».

—¿Por qué decidió dejar la agrupación si estaba en tan buen momento?

—El inconveniente era la vivienda. Yo no era santiaguero, sino de Camagüey, y vivimos seis años en una casa de visita, hasta que llegó el momento en que no se pudo más y, lamentablemente, hubo que separarse.

—¿Cómo asumió el reto de mostrar un concepto musical diferente al conformar su propia orquesta en los años 80?

—Eran mi música y mis arreglos, aunque creo que lo que marcó a Son 14 fue el sello de Tiburón. Sin embargo, el nuevo grupo tenía otro formato, con el incremento del timbal, trombones, un teclado y otros cantantes. Era una sonoridad diferente, aunque estuviera el mismo arreglista y compositor.

—Hay estudiosos que afirman que la crónica urbana, la trova y la influencia de la poesía de Nicolás Guillén, matizan sus piezas musicales. ¿Cómo define Adalberto Álvarez sus composiciones?

—Trato de hacer canciones que la gente logre entender. No rebusco palabras; utilizo un lenguaje sencillo y que sea internacional. A veces busco temas locales, del costumbrismo, como ese de Un pariente en el campo. Pero trato de usar frases que se entiendan en un contexto universal, que lo pueda escuchar un dominicano, un panameño, un italiano, y sepa de qué estoy hablando.

«Soy respetuoso con las letras y muy optimista. Me gusta que la gente se sienta feliz cuando escuche una canción, un disco o un concierto míos».

—¿Está su obra permeada de elementos afrocubanos y de esa variedad cultural existente en la Isla?

—No es una intención componer siempre con elementos folclóricos, aunque están presentes de alguna manera en todos los que cultivamos el son y las demás manifestaciones artísticas. No creo que sea una tarea obligatoria utilizarlos, es más bien un matiz.

«Recuerdo por eso Y qué tú quieres que te den, aquella canción de 1993 que dio paso a otras del mismo corte. Sentí que debía componerla, sobre todo en una época donde no se hablaba de ello. Quise dar imagen de sincretismo y una lección sobre el asunto sin ser proselitista.

«Ahora tiene más fuerza que cuando se grabó primeramente, pues se le agregaron cantos rituales a algunos santos de la religión yoruba. Es la canción obligada para cerrar nuestros conciertos en todas partes de Cuba y del mundo».

Jóvenes bailando frente al Monumento a José Martí en la Plaza de la Revolución—Usted ha declarado que pediría un «pedacito en el alma de los bailadores». ¿Será porque ellos han olvidado bailar casino?

—Ellos necesitan lugares para bailar. Están locos por hacerlo. La gente precisa de establecimientos con ofertas en moneda nacional, dedicados a disfrutar de la música del país y el mundo, porque se puede bailar lo que interpretan el Gran Combo de Puerto Rico, Gilberto Santa Rosa, Marc Anthony y otros. Por eso queremos crear esos locales que ya llamamos «casinotecas».

«La idea es promoverlas en toda la Isla. Existen algunos pasos en ese sentido, pues realizamos un esfuerzo conjunto con el Instituto Cubano de la Música, el Comité del Partido en Ciudad de La Habana y la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC). Recientemente quedó declarado el capitalino círculo José Antonio Echeverría como Palacio del Casino, y deseamos utilizar sitios para bailar como El Castillito, y otros locales en San Miguel del Padrón, La Víbora, el Casino Campestre de Camagüey y la Sala Polivalente de Santiago de Cuba. Solo hay que darles formato y ajustarlos para las distintas edades. Será otra opción recreativa.

«Porque el movimiento actual de las ruedas de casino es fortísimo. Aunque resulta necesario rescatar el programa televisivo Bailar casino, proponerle un horario estelar e interesar a parejas de todas partes de la nación y garantizar un sistema de estímulos a los participantes que más despunten.

«Gracias al impulso alcanzado por el movimiento, este sábado 31, 50 ruedas de casino bailaron con reconocidas orquestas en la Plaza de la Revolución, para festejar el aniversario 45 de la UJC. Y la idea es que el próximo año venga a la capital una representación de las mejores del país».

—¿Constituye el Festival Matamoroson, del cual es Presidente de Honor, un espacio perenne para mantener vigente el género?

—Es el festival más importante, a mi entender, de los que se realizan sobre el género en el país. Allí se baila casino y son, y van las principales orquestas. Se desarrolla en la ciudad que más baila ese estilo musical y donde no lo dejan morir: Santiago de Cuba. Es un espacio que debe existir siempre.

—Entonces, ¿qué le falta?

—Una proyección más internacional. Quizá también un mejoramiento en las condiciones creadas para los músicos que intervienen en el evento y para los que pudiéramos invitar, como se hace en los festivales de jazz y otros que se realizan en el país.

—¿El son, dentro de los patrones internacionales del comercio musical —matizados por la salsa puertorriqueña, por ejemplo—, disminuye su trascendencia y universalidad?

—La vida demostró en la discusión sobre la salsa y el son, que artistas de Puerto Rico, Venezuela, Colombia y los radicados en Nueva York, Estados Unidos, mantienen viva esa música y dejan su constancia en discos. Aquí lo hemos hecho, pero no tenemos la oportunidad de comercializarlos al nivel que debieran por lo que todos conocemos: el bloqueo incide en nuestra inserción en emisoras y televisoras extranjeras y en otros espacios.

«Y obras de autores cubanos son interpretadas por estos músicos. Existe identificación con la Isla. Se ha logrado la universalización de ese género originario de Cuba, a la vez que se suman aportes hechos en otras regiones del planeta por agrupaciones soneras de Japón, Suiza, Finlandia, y de donde menos te las imaginas.

«Pero necesitamos que la industria discográfica nacional tenga la posibilidad de posicionar discos en el nivel donde deben figurar. Sin bloqueo habrá paridad entre lo foráneo y lo nuestro».

—¿Teme que el son cubano pudiera estar desplazado ante la popularidad que ganan el reguetón y el rap?

—Pasaron el rock and roll, mozambique, charleston, pilón y unos cuantos ritmos más, y el son está ahí. No creo que la gente lo olvide. El cubano necesita bailar en pareja. Y le llamen casino o no, lo que bailarán será son. Cuando den las vueltas y hagan los movimientos bailarán música cubana.

«No estoy en contra ni de espalda a las tendencias musicales actuales. Bienvenido sea lo nuevo, siempre que no sea indecente ni chabacano, tenga sabrosura y se pueda combinar con los elementos de la cubanía».

—¿Cuáles considera serán los legados de la música popular cubana y hacia dónde se dirigen sus perspectivas en el mundo?

—Primeramente debemos enseñarles a los niños y jóvenes cuál es nuestra herencia, porque increíblemente en el mundo las personas conocen más del patrimonio sonoro nacional que los de aquí. En el extranjero me hablan de Miguelito Cuní, Ignacio Cervantes, Ernesto Lecuona, Benny Moré... y asombra que algún joven cubano no los conozca.

«Lucho porque esos legados no se pierdan. Me preocupa el relevo de los músicos actuales, porque si no lo formamos a tiempo, estará en peligro de extinción. Abogo porque se profundice en la enseñanza de los diferentes géneros nacidos en Cuba, así como de las mejores obras de los artistas cultivadores de lo clásico y de lo popular.

«Las perspectivas de la música cubana en el planeta dependen de ello. No podemos volver al momento en que algunos no sabían que varios de los boleros que interpretó Luis Miguel fueron escritos por compositores de la Isla como César Portillo de la Luz. El legado para las generaciones futuras y el impacto internacional del patrimonio cultural, obedecen a lo que seamos capaces de rescatar, aquí, ahora, a tiempo».

miércoles, 22 de julio de 2009

¿Pura vestimenta?

Mi amigo, genio y figura hasta la sepultura, me ha dejado pensando. Él —siempre en pulóver, pantalón de mezclilla y un pelo largo que descubre su afición a lo más heavy del rock—, no comprende cómo se ha «esfumado» de muchas orquestas la idea de alcanzar un sello también en el vestir.

Igualdad. ¿Así quieres que se exhiban?, indago. Pero por ahí no anda el asunto. No se trata de usar lo mismo cual si fueran uniformes, dice mi interlocutor. Coincido. Las modas evolucionan con las épocas y las profesiones; es una cuestión de equilibrios y de decisiones lo que se usa, con tonalidades y matices.

De momento ruedo en mi mente algunas instantáneas que he captado de la tele. He visto a grupos promocionándose en la televisión con cadenas abundantes en los cuellos, juegos de anillos en las manos (lo que casi constituye una tendencia), y gafas de sol puestas en la sombra. En esas imágenes la nota discordante no es precisamente la melodía que se promueve. Tanto brillo viene de otro oro que (des) luce.

En conciertos he apreciado igualmente esa «informalidad» para actuar. Por ejemplo: un joven cantante interpretando una de sus obras con pulóver ajustado hasta el punto de mostrar el movimiento de ese órgano que tenemos en la cavidad izquierda del pecho, y pantalones casi 20 centímetros por debajo de la cintura, que descubren las letras de su ropa interior... Lo secunda una agrupación con talento, cuyo vestuario se mueve entre lo más variado del diseño actual, que va desde la «onda» lucida por el vocalista, hasta otras más conservadoras. Así, todo mezclado, sin nada que los identifique, que les ofrezca una identidad no solo musical, sino además visual.

Me resuena la pregunta de mi amigo, el roquero: «Identidad, ¿te has ido de algunas orquestas?» Recuerdo imágenes de El Benny en la TV, con sus pantalones bombache, bastón y sombrero. Detrás de la voz del Bárbaro del ritmo, una jazz band lo sigue con ejecuciones impecables y en los cuerpos de los músicos, la elegancia se esparce como una etiqueta de distinción que los acompaña junto a su líder.

Recientemente encontré a Tiburón Morales en un establecimiento de la santiaguera calle Enramadas. Navegando con el tiempo y sin estancarse en las etapas, el ex pelotero insiste en usar su sombrero, y por debajo aflora su particular melena. No le falta a su conjunto la camisa de mangas largas que, con un aire al estilo «majata», lo diferencia.

Voy más allá y veo a Pedrito Calvo, cantando El negro está cocinando, y entre el «que no me toquen la puerta, no, no no...», aparece el hombre que ya es historia por su capacidad vocal, pero también por su imagen.

Miro ahora una portada de un disco LP de los 80. En ella se retratan los integrantes de una agrupación con sus instrumentos. Llevan ropas que, aún con diseños disímiles a los de los vocalistas y el director, proyectan la idea de que representan a una agrupación popular. Porque los vestuarios muestran esa compatibilidad, ese todo que los define como orquesta.

Los veo ahora y me entusiasmo con lo nuevo que traen. Pero aprecio que los aires modernos le han inculcado esa otra cara de las modas que apunta a la frivolidad. Y, sin darse cuenta, exhiben atuendos triviales que poco le aportan a la identidad que enarbolan con sus textos.

Hay valía en lo que hacen, aunque les falla ese esencial concepto colectivo de pertenecer a algo. De ser únicos entre los muchos que cultivan los géneros que interpretan. Ganándoselo, además de por talento, por cómo se proyectan en cada ocasión que suben al escenario.

Manolito Simonet: La música cubana perdurará


El son cubano tiene en Manolito Simonet a uno de sus más asiduos cultores. Es de los que se mantienen fieles a la sonoridad más clásica de la Isla. Ese toque distintivo resalta en producciones discográficas como Marcando la distancia, Se rompieron los termómetros y la muy sonada Locos por mi Habana.

«Muchos dicen que el Trabuco es una de las orquestas nacionales más identificadas, por sus características, timbre y sonoridad definida», asegura Simonet, quien anteriormente mostró su estilo en Maravillas de Florida.

Para el director de la agrupación que, con un formato de charanga renovada marca actualmente la diferencia entre sus similares, son innegables las influencias de los conjuntos Rumbavana y el de Chapotín, y de orquestas reconocidas como Aragón, Van Van y Adalberto Álvarez y su Son.

Fue en la Feria Internacional Cubadisco 2007 un momento especial para el artista, pues allí se presentó junto al boricua Andy Montañez en el emblemático Salón Rosado de la Tropical, pero también el evento lo premió en la categoría de música popular bailable con Hablando en serio.

«Hablando ... es un disco diferente. Desde el punto de vista general tiene (y a la vez no) mucho que ver con lo que hemos hecho en estos 14 años de trabajo. Es una producción donde nos inclinamos por la timba, algo distinto, pues la orquesta no está entre las que desarrollan este tipo de género. Ejemplo de ello son el título que da nombre al fonograma y Comunícate.

«Aparecen también temas tradicionales con toques contemporáneos como Sabrosona, un homenaje a la música antológica, y que tiene un videoclip en blanco y negro. Nos atrevimos a interpretar merengue que, generalmente, no se hace por las agrupaciones cubanas.

—¿Esperaba el premio?

—Me sorprendió. No contábamos con ello, aunque en ediciones anteriores del evento también lo hemos recibido. Pero la sorpresa viene porque no se premia a una agrupación vieja o nueva, sino al disco con mayores resultados, mejor grabado y con más calidad. De ahí que no resulta extraño que orquestas con un año de creadas ya tengan un lauro en el certamen.

«Además, por obtenerlo en Cuba, país bailador y donde las agrupaciones dedicadas a cultivar este tipo de música la interpretan muy bien, y se compite con grupos reconocidos de la Isla. Aunque no sea este un premio de popularidad, está muy vinculado al público».
—Muchos bailadores perciben cierta identificación de su música con la de los Van Van. ¿De dónde le viene el son a Manolito Simonet?

—Viene de mis raíces. Mi familia siempre ha sido muy sonera —tengo un tío que fue muy buen tresero—, y aunque no todos se desarrollaron profesionalmente, son muy musicales. Soy camagüeyano, pero casi todos los míos proceden de Santiago de Cuba, Palma Soriano y la Sierra Cristal. De ahí traigo el son, de Oriente, donde nació.

«Desde niño me atraían mucho las agrupaciones de música popular bailable, y eso hago actualmente».

—Con Maravillas de Florida tiene contacto con la música tradicional cubana, ¿qué elementos tomó de allí?

—Cuando comencé en Maravillas de Florida, la orquesta tenía un estilo muy similar al de la Aragón. En aquel momento, las charangas poseían elementos que las identificaban mucho como tal. Desde esa época, y gracias a la ayuda de los músicos del grupo, traté de crear un nuevo estilo, que se divorció completamente de otros como el de la Original de Manzanillo o la Aliamén. Aunque Maravillas de Florida siempre tuvo su identificación con el público, lo novedoso fue una imitación a los metales con los violines, todos lo hacían, pero cada cual a su manera y afortunadamente logré una forma que gustó.

«Creo que traje un poco de eso a mi propia orquesta. Era algo que ya venía conmigo y resultó imposible separar. El Trabuco tiene su sonoridad. Tiene un poquito de Juan Formell, Adalberto Álvarez —tanto del trabajo con su actual orquesta como con Son 14—, de las orquestas charangueras, y también de lo que se hace en Puerto Rico. Al final todo eso logra conformar un estilo que es el Trabuco.

—Ha expresado que para «ser populares no es necesario caer en concesiones de mal gusto». ¿Significa que hacer música es también una forma de guiar e instruir al público?

—Por supuesto. Creo que recurrir a concesiones para ganar más popularidad denota falta de recursos, y cuando esto se hace evidente, puedes llegar a ser muy conocido, pero no duras mucho tiempo, porque tienes que apelar a eso siempre y la gente te lo acepta al principio, pero luego empieza a criticar.

«La música debe hacer crónica sobre la vida y el amor. Lo que no podemos es ser muy locales para que en otras partes del mundo lo entiendan, y el compositor y los cantantes tienen que estar al tanto de ello».

—Entonces, ¿piensa en los bailadores cuando conforma sus textos?

—Lo hago, porque si se sigue bailando son en Cuba, se hace en el mundo entero. Creo que los bailes cubanos son los de mayor trascendencia en el planeta, y me refiero al chachachá, al danzón, al son y otros. Si en la Isla se siguen cargando las baterías, perdurará. Y aquí la música está muy vinculada al baile; en este país ese es un dueto que se acompaña.

«Debemos estimular más a la juventud para que siga bailando música cubana, que la conozca profundamente y que existan más lugares para disfrutarla. Bailar es saludable.

«Los músicos tocamos para todos, y lo hemos hecho junto a la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) y con la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), pero queremos que esto sea un poco más abierto. Que los sábados la juventud salga y escoja dónde va a bailar. Nosotros tendremos tiempo de trabajar tanto en los lugares donde la entrada es por divisa —que son importantes porque se recauda—, y en los de moneda nacional. La gente debe disfrutar de la música popular y así no pasará de moda ningún ritmo. Si no se tiene eso, se empieza a consumir la música que anda por ahí y que no voy a mencionar ni el nombre, porque no se sabe qué dicen las letras, pero es lo que llega y lo de más fácil acceso».

—¿Cómo asume el reto de productor de discos?

—La labor de productor musical se sale del teclado que toco. Se vela porque la grabación quede lo mejor posible, y para ello hay que conocer la sonoridad que hoy se consume en el mundo; convencer a directores de orquestas y a las personas que tienen que ver con el disco de lo importante de dejar los vicios adquiridos en el escenario. Es exigir mucho.

«Actualmente produzco el nuevo CD de Waldo Mendoza que es un gran intérprete. Hice la producción del fonograma homenaje a Lilí Martínez Griñán, ex pianista del Conjunto Chapotín, y en el que intervinieron Mayito Rivera y Laíto; el disco Estrellas de areíto, con varios cantantes de agrupaciones como Van Van, las Anacaonas y NG La Banda. He realizado la misma labor para solistas como Virginia (ex cantante de Los Surik), Lázaro Miguel (ex cantante de Manguaré) y participé en la producción de Buscando la melodía, fonograma dedicado a Benny Moré, donde cantaron aquellos del concurso Buscando el sonero, del programa televisivo Mi salsa.

«En el extranjero colaboré con Parera, productor de Plácido Domingo y Luciano Pavarotti, en la placa de Los Sabandeños de España, y también en la del grupo Jackie Family, de Holanda. Hago, además, todas las producciones de mis discos. Y no cuento la ayuda a otras propuestas discográficas, pues siempre voy un momentito.

«La producción es algo que vengo haciendo desde hace mucho tiempo, y la conjugo con la peña fija que tenemos y demás presentaciones de la agrupación».

Locos por mi Habana, multilaureado en los Premios EGREM 2005, significó un referente musical para la orquesta, ¿piensa superar ese éxito con Hablando en serio y las propuestas futuras?

—Hablando en serio no fue hecho para competir, como hemos dicho anteriormente, aunque sí lo hicimos con Contra todos los pronósticos y fueron muy populares los temas La parranda, El águila y Todavía no. Hubo que hacer entonces otro que lo sobrepasara, y salió Marcando la distancia, del que se escucharon el mismo tema que le da nombre al disco y Tú me recordarás. Después vino Para que baile Cuba —aquel de Salidita contigo y La boda de Belén—, pero no prevaleció frente a los precedentes.

«El reto siempre ha sido superar lo anterior. Se rompieron los termómetros, premiado en Cubadisco, fue una producción que técnicamente reunió todas las condiciones. Locos por mi Habana llevó a la cumbre el reto. Hablando... se salió un poco de la línea de la agrupación, aunque obtuvo su reconocimiento. Y el próximo... continuará el ciclo».

jueves, 16 de julio de 2009

Filarmónica de Nueva York se presentará en Cuba

Una buena noticia para los que gustan de la música de concierto: la Filármónica de Nueva York ofrecerá dos conciertos en La Habana —los días 31 de octubre y el 1ro de noviembre próximos en el Teatro Amadeo Roldán—, como punto final de una gira que la llevará por Asia.

Lo ha dicho Alejandro Gumá, vicepresidente de Relaciones Internacionales del Instituto Cubano de la Música, quien precisó que estas presentaciones serán un gran suceso cultural, pues «la Filarmónica es una de las instituciones emblemáticas de su país. Ellos conocen del desarrollo de la música de concierto de la nación antillana, del público que tienen, y reconocen que después del Triunfo de la Revolución todo este proceso, se incrementó».

Para concretar el proyecto de los conciertos, cinco directivos de la agrupación estadounidense se reunieron hace unos día con la representación de Cuba en Nueva York, y prepararon una visita a partir de intereses que ellos tienen de venir a presentarse en la Isla.

El viaje a la nación antillana se aconteció el pasado viernes y estuvieron trabajando hasta este lunes. Varias ideas ya se precisaron para estas actuaciones, como la de instalar sillas en el parque cercano al teatro y poner allí una pantalla. También han aprobado dar clases magistrales para los estudiantes cubanos en sus ensayos, y tendrán encuentros con los músicos de la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN).

Del programa que interpretarán, Alejandro Gumá dijo que en estos momentos lo están decidiendo y para ello trabajan junto a Roberto Chorens, director de la OSN. Aún así hay ya dos obras seleccionadas: nuestro Himno Nacional —del que ya tienen la partitura— y el de Estados Unidos.

«Serán las primeras piezas en cada concierto. Manejan otros títulos como La bella cubana, pero todavía el programa no está conformado», puntualizó el funcionario.

La Orquesta Filarmónica de Nueva York, con sede en el Avery Fisher May de esa ciudad, es la agrupación sinfónica activa más antigua de EE.UU. Fue fundada por Ureli Corelli Hill en 1842 y ofreció su primer concierto el 7 de diciembre de ese año.

A Cuba vendrá una delegación de 280 personas, incluidos los 110 integrantes de la plantilla actual de la Filarmónica.